Pieza para 6 ó 9 bailarines.

Idea y coreografía:
Víctor Jiménez

Música:

Selección de temas de
Bach y Palestrina
Colaboración especial de
Amador Castilla.

Escenografía:

Víctor Jiménez

Diseño de vestuario:

Moreno Lanfranchi

Realización de vestuario:
Intermezzo

Diseño de luces:

Jorge Gay

Iluminación:
Eduardo Mora


Víctor Jiménez se forma como bailarín en la Escuela de ballet de Víctor Ullate, en donde estudia desde 1991 hasta 2001. En 1992 entra a formar parte de la Compañía de Víctor Ullate, actual Ballet de la Comunidad de Madrid, compañía en la que permanecerá hasta 2002, y en la que será bailarín solista a partir del año 2001. Bailarín solista del Béjart Ballet Lausanne, dirigido por Maurice Béjart, desde septiembre de 2002 a julio de 2007. Bailarín solista del Ballet de la Ópera de Lyon desde julio de 2007. Desde julio de 2008, director de La Mov, compañía de danza estable con sede en Zaragoza, para la que ha coreografiado El trovador.

En su repertorio se encuentran ballets clásicos como Las Sílfides, Giselle, Tema y variaciones, Paquita, Concierto barroco y Don Quijote, y creaciones de Maurice Béjart como Huis close, Bhakti II, Bhakti III, La flauta mágica, La consagración de la primavera, Brel y Bárbara, o Siete danzas griegas. También ha interpretado creaciones de Víctor Ullate. Con el Ballet de la Ópera de Lyon ha interperatdo coreografías de Kilyan Mats Ek o Forsythe, entre otros.


Esta pieza pretende situar al espectador en un lugar concreto, quizá del subconsciente, y recordarle que su paso por la vida se encuentra colmado de momentos de soledad. Es una pieza de gran sensualidad que pretende enfrentar al público con el mundo de los sentimientos más profundos de las pasiones del hombre.

El punto de partida para la creación de esta pieza ha sido una reflexión sobre las situaciones cotidianas, algunas veces extremas, relacionadas con la soledad y el amor, y su contrapartida, el olvido. La existencia humana, capaz de elevarse, retorcerse y soportar el dolor, tan real y tan físico, de la soledad, pero que también, como humana al fin, supera el sufrimiento y termina por olvidar, iniciando, de esta forma, su particular renacimiento.

Los bailarines expresan, como en ensoñaciones, en grupo o de forma aislada, con su cuerpo, que sienten, y expresan, con su cuerpo, que el dolor intenso termina. El enunciado del ciclo de la vida: la renovación del alma, la renovación del cuerpo.